HOMILÍA EN LA 7ª CARRERA POR LAS VOCACIONES

November 21, 2021

«Queremos pertenecer a tu Reino»


Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Quiero manifestar mi alegría al presidir esta Eucaristía hoy por esta 7a Carrera Vocacional para pedir por las vocaciones. Me alegro de que estén aquí en nuestra hermosa Catedral de Corpus Christi todos nuestros seminaristas, los seminaristas que están haciendo su discernimiento, los seminaristas que están en el discipulado y los seminaristas en la etapa de configuración, y también con todo el equipo formador, con su rector y todo el equipo que los acompaña. Yo creo que el estar aquí también es un signo de unidad y también la prioridad que tiene nuestro seminario en la vida de la Iglesia, en la vida de nuestra Arquidiócesis, porque ciertamente el seminario es ese semillero donde va creciendo esa semilla de la vocación para ir discerniendo lo que Dios quiere de ustedes, porque ciertamente necesitamos muchos sacerdotes, pastores, que guíen a nuestro pueblo.

Hoy, al pedir por las vocaciones, esta 7a Carrera Vocacional, que se nos ha quedado grabado el póster que hemos visto y que no hemos querido que pasara desapercibido, aún de esta manera virtual, pero yo creo que también este tiempo de pandemia nos ha hecho ser sensibles y creativos y hoy queremos pedir por las vocaciones, especialmente las vocaciones específicas, pedir por todos los matrimonios, también por la vida de la soltería, pedir por la vida consagrada, pedir por las vocaciones sacerdotales, y necesitamos en nuestra sociedad estas vocaciones que tengan ese encuentro con Dios, esa experiencia con el Señor, para que lo conozcan, lo descubran, lo vayan siguiendo y anunciando a los demás, sobre todo ahora este año que hemos querido seguir la línea de consolar, «consolar a nuestro pueblo», como dice ahí en el póster. Cuando nosotros vamos teniendo contacto con nuestra gente, con nuestro pueblo, pues vamos viendo tantas historias, dramáticas, tristes, donde se necesita consolar, tener esos sentimientos de Cristo Jesús, y todo lo podemos hacer, por eso también hemos querido que cada mes vaya siendo por sectores, y hemos visto cómo ha habido esa respuesta, de manera especial con los adultos mayores, con los adolescentes y jóvenes, este mes que estamos con la familia, tendremos también con los sacerdotes, sobre todo tenemos sacerdotes ancianos, en nuestra Arquidiócesis tenemos más de setenta sacerdotes mayores, eméritos, algunos todavía con alguna responsabilidad pastoral y otros ya en otra situación, pero también necesitamos consolar a estos hermanos que han dado su vida en nuestra Iglesia.

Pues yo los quiero invitar, en ese sentido, a toda la comunidad, a todos los que también están siguiendo esta transmisión, a que siempre tengamos esa oración, en nuestra oración pedir por las vocaciones, las vocaciones laicales, las vocaciones religiosas, las vocaciones sacerdotales.

Hoy es un día también especial porque hoy cerramos el Año Litúrgico con esta fiesta de Cristo Rey, y podemos nosotros detenernos un momento en el Evangelio que escuchamos, ese diálogo que tiene el gobernador romano, Pilato, y Jesús. Yo me imagino que Pilato estaba muy extrañado, no entendía la situación, y las autoridades judías, los sumosacerdotes, le llevaron a Jesús y él le pregunta si Él es el rey, él tiene otra visión, tiene la visión del imperio romano, y al hablar del rey se puede pensar en poder, en riqueza, en súbditos, y Aquel hombre sencillo, como estaba vestido, ¿cómo podía ser rey? Y Jesús le dice: «Mi Reino no es de este mundo».

Yo quisiera invitarlos a todos ustedes a que reafirmemos nuestra pertenencia a este Reino de Jesús, que a través de nuestro Bautismo empezamos a formar parte de esta familia cristiana y ahí vamos caminando y caminando, pero hoy es un día para decirle a Jesús: «Queremos pertenecer a tu Reino», y ser activos, ser militantes. Ese Reino al que Jesús nos invita, el Reino de verdad, Reino de justicia, Reino de paz, de fraternidad, de comunión, de vida, no esos reinos donde hay odios, enconos, polarizaciones, donde puede haber tantas situaciones negativas, de competencia, sin embargo, Jesús nos invita a otro tipo de reino, de dar la vida, de servicio, de generosidad, de familia. Por eso que hoy no sea un día común y corriente, sino que hoy nosotros queremos decirle al Señor que pertenecemos a este Reino, pero que queremos colaborar con él. Sabemos que el objetivo de todos los cristianos es ir edificando día a día su Reino, ese Reino que no es aparatoso, sino que se va construyendo poco a poquito, con las actitudes, con la vida de todos los días, y hoy le podamos decir, en esta fiesta de Cristo Rey, que lo consideramos el Rey de nuestra vida.

El Papa Francisco nos ha convocado a un sínodo, que será en octubre del 2023, y precisamente en la mente del Papa está sobre todo esa renovación eclesial, esa participación de todos en la construcción del Reino, de los laicos, de los sacerdotes, el poder tener actitudes diferentes. Bien sabemos nosotros que la Iglesia tuvo un cambio muy fuerte en el Concilio Vaticano II y tenemos ahí dos constituciones que nos hablan, sobre todo la Lumen Gentium, de cómo la Iglesia es el pueblo de Dios y que estamos llamados a tener comunión. La sinodalidad va más ahora en la operatividad, en esa línea de sabernos escuchar, de dialogar, no solamente ad intra, sino también ad extra, gente que nunca se acerca a la Iglesia también tiene su palabra, tiene su palabra que tenemos que escuchar, porque queremos construir una Iglesia diferente, una Iglesia, como hemos dicho: una Iglesia servidora, como nos dice Jesús: una iglesia misionera, pero también una Iglesia samaritana, que consuela al que sufre.

Que este día sea un día de mucha alegría por pertenecer a este Reino de Jesucristo y que, con la fuerza del Espíritu Santo, vayamos caminando con alegría construyendo su Reino. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla


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