Bienaventurados somos quienes nos reconocemos miembros de la iglesia y nos alegramos en torno a una celebración que nos une como comunidad. El pasado jueves 1 de septiembre, día que festejamos a la Virgen de los Remedios patrona de nuestra Arquidiócesis, del clero y del seminario, se dieron cita obispos, sacerdotes, seminario y fieles que con fervor pleno encomiendan su vida al amparo de la Virgen María.
Celebración que trae consigo desde hace algunos años la Institución de Ministros Acólitos y Lectores. La Santa Misa es antecedida por el descenso del nicho de la pequeña imagen de la Virgen de los Remedios, la cual es llevada en procesión hasta la Capilla dedicada a San Miguel Arcángel donde se lleva a cabo la continuación de la Celebración antes iniciada.
El clima que se genera es totalmente fervoroso, pues caminas entre la gente y ves lágrimas, sonrisas, admiración, la piedad popular en su sentido mas llano, el estallido de fuegos artificiales y el armonioso coro. Esto, sin lugar a dudas, es un signo de la presencia de Dios en la vida de los fieles que acudimos a este homenaje a la Madre de Dios.
Así que por su cuenta, el Seminario ha mirado las cualidades en los seminaristas que fueron aceptados a la recepción de estos ministerios: Yair Lozano para el acolitado, Jesús Trinidad, Tonathiu Miranda, Víctor Becerril y Diego Olvera para el lectorado.
Después de haber escuchado la Homilía y dentro de ella el compromiso que se adquiere como ministro instituido, es de gran necesidad la oración personal y de la comunidad para llevar a cabo estos objetivos. Cada uno llamado por su nombre contesta: “Presente”, y se presenta a los pies del Arzobispo que da la bendición para que el oficio que se confía en nombre de la Iglesia sea cumplido siendo fiel a Dios, meditando asiduamente su contenido, para que transformados por ella la anuncien con fidelidad.
Como signo se entrega el libro de la Sagrada Escritura con esta intención:
“Recibe el libro de la Sagrada Escritura y transmite fielmente la Palabra de Dios para que sea más eficaz en el corazón de los hombres”
Que trae la obligación de anunciar el mensaje de Dios a quienes no lo conocen, la proclamación de la Sagrada Escritura en la Celebración de la Misa, y la preparación de los fieles que recibirán sacramentos, todo esto siendo dóciles al Espíritu Santo en quien encontramos la fuente de la divina sabiduría, y en quien confiamos para que nuestra enseñanza llegue a lo más profundo de los corazones de cuantos nos escuchen o nos vean.
La institución de ministerios no nos hace a nosotros únicos portadores de esta obligación, pues nos hace proclamadores públicos de la Palabra de Dios, y esa obligación es de todo bautizado, no solo de unos cuantos. Por eso los invito a ser dóciles a la oración, y fieles a ella pidamos con insistencia la presencia de Dios entre nosotros y la perseverancia de las vocaciones sacerdotales.
Gracias a todas las personas que nos acompañaron en esta celebración y fiesta diocesana en nombre de Nuestra Señora de los Remedios.
Seminarista Diego Olvera G.
3er año de la Etapa de Configuración con Jesucristo Buen Pastor
Seminario de Tlalnepantla



